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cmgc1970 Administrador


Registrado: 13 Ago 2007 Mensajes: 1733 Ubicación: Santiago, Chile
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Publicado: Mar Ene 22, 2008 8:24 am Título del mensaje: Juan Zanelli, la recuperación de un héroe chileno olvidado |
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Domingo 20 de enero de 2008, El Mercurio.
Libro "¡Coche a la vista!" de Rodrigo Velasco:
Juan Zanelli, la recuperación de un héroe chileno olvidado
http://diario.elmercurio.com/2008/01/20/artes_y_letras/artes_y_letras/noticias/95FC3753-2A47-4295-866A-84FED7986CEB.htm?id={95FC3753-2A47-4295-866A-84FED7986CEB}
Antes que Eliseo Salazar, en los años treinta otro piloto ya había dejado la marca chilena en la historia del automovilismo mundial.Rodrigo Velasco reconstruyó la desconocida vida de este personaje, que nació en Iquique, se codeó con la aristocracia europea y murió en Toulouse en manos de la Gestapo.
CONSTANZA ROJAS
Era una alegría nacional. Miles de hogares de Chile celebraban a viva voz el triunfo de Eliseo Salazar en Silverstone, con el que nacía un nuevo héroe. Rodrigo Velasco y su familia estaban lejos de ser la excepción: eran fanáticos de las tuercas y practicaban el automovilismo desde hacía varias generaciones. "¡El primer chileno en ganar un campeonato internacional!", celebraba Rodrigo. Sin embargo, su padre le hizo ver que estaba equivocado. Eliseo no era pionero en imponer la bandera nacional en un torneo mundial. Antes que él, estuvo Juan Zanelli.
"El pago de Chile", recuerda haber pensado el abogado. Este extraño personaje, a pesar de haber alcanzado triunfos en el automovilismo que hasta hoy no se han superado, está sólo en la memoria de unos pocos. Rodrigo se llenó de curiosidad. ¿Cómo habrá sido la vida de Zanelli? ¿Cómo llegó a destacar en el extranjero? Así, sólo con el dato de la fecha de su triunfo, 1933, Velasco comenzó una investigación que hace cuatro años se tornó seria y sistemática.
Lo que fue averiguando superó sus expectativas. Zanelli resultó ser un perfecto emblema de lo que Rodrigo Velasco denomina "el chileno patiperro", un hombre que nace en Iquique y muere en manos de la inteligencia nazi durante la Segunda Guerra Mundial, un hombre que tras crecer en una salitrera nortina termina codeándoe con el "jet set" europeo de la época. El libro "¡Coche a la vista!" (Editorial SKBERGÉ), finalmente, es la recopilación de las aventuras, azares y desventuras de Juan Zanelli, un homenaje a quien llevó la bandera chilena a cada pista que recorrió, y a quien, a pesar de su triunfos, la memoria colectiva de su país no supo ceder un lugar.
Valientes caballeros
Con camisa de manga corta, sin casco, ni cinturón de seguridad. Y muchas veces con un habano en la boca como única protección ante los saltos que pueden destruir los dientes. Definitivamente, el automovilismo de los años 20 era un deporte para valientes. La tasa de mortalidad en las carreras europeas era de uno de cada cinco volantes al año, y Rodrigo Velasco comenta que lo normal en esos tiempos era tener mínimo un muerto por carrera.
Pero el valor no era el único requisito para entrar en el mundo de las tuercas: también era una actividad exclusivamente para adinerados, gente dispuesta a gastar lo que hoy serían cerca de setenta mil euros en sólo uno de los tantos autos que los corredores mantenían para competir.
La mezcla entre estas dos propiedades del automovilismo no era inofensiva. Millonarias herencias debieron cambiar de manos porque quienes las recibirían habían perdido la vida en las pistas, y varios destacados personajes de la época debían correr con seudónimo para que sus familias y conocidos no se enteraran. En este mundo de renombrados y acaudalados caballeros dispuestos a dar la vida, es que un chileno logró destacar.
De Iquique a Europa
En algún sentido, Juan Zanelli se mantuvo corriendo desde que nació. Hijo de inmigrantes italianos que venían a hacer fortuna en las salitreras, repartió sus años de infancia entre Iquique, Santiago y Valparaíso. Siempre de un lugar a otro. Como era costumbre entre las familias ricas de origen extranjero, terminó su educación en Suiza y, finalmente, tras idas y venidas a Chile, decide establecerse en Niza como cónsul.
Su buen humor y gran sociabilidad comienzan a abrirle camino en una aristocracia europea que no acepta a cualquiera. Y probablemente su mayor punto de unión con estas esferas es la afinidad por las carreras. Autos y contactos son una perfecta mezcla en la Europa de las primeras décadas del siglo XX.
Zanelli comienza a hacer apariciones en las pistas en un biplaza Fiat, un auto de baja potencia con el que es difícil seguirle el paso a los veloces Alfa Romeo o Bugatti. Estos últimos eran la devoción del chileno, pero tener un rol diplomático y un acaudalado bolsillo no significaba un pase libre para entrar al mundo de estos motores. Por mucho dinero que se tuviera, los Bugatti no se vendían a cualquiera. La jugada maestra de Zanelli, entonces, es cultivar amistad con los hermanos De Vizcaya, aristócratas franceses cercanos a Ettore Bugatti, dueño de la fábrica. Así, el 13 de septiembre de 1928, el chileno cumple su sueño de adquirir un coche de renombre. Pero en muy malas condiciones: el auto había pertenecido a Pierre de Vizcaya, quien lo había abandonado en 1924 tras un fuerte choque. Sin importarle esto, Zanelli lo reparó y se lanzó a las pistas con su nuevo orgullo.
Chilenidad en las pistas
Varias carreras de esos años fueron escenario de los primeros comentarios acerca de la gran velocidad que alcanzaba el chileno al volante. Sin embargo, las fallas técnicas de un auto reconstruido se hacen notar, e impiden que obtenga lugares destacados. Hasta el 2 de junio de 1929, cuando triunfa por primera vez y contra todos los pronósticos.
"El día no pudo haberse iniciado peor para nuestro compatriota", relata Fernando Velasco en "¡Coche a la vista!". Mientras se preparaba para el Grand Prix Bugatti en Le Mans, exigió a tal punto el motor de su auto que éste se fundió. El piloto, con su máquina muerta, no se dio por vencido. Estaba decidido a correr la carrera, y a último minuto convenció al Barón Philippe de Rothschild para que le vendiera uno de sus autos. Sorpresivamente, entonces, Zanelli no sólo entra a las pistas con un coche totalmente desconocido para él, sino que además consigue el primer lugar y el cotizado premio: un lujoso Bugatti Grand Prix.
Tras este hito, Zanelli se convierte en un destacado piloto en los circuitos europeos, en los que no sólo instaura récords de velocidad, sino también tradiciones. En esos años, las autoridades que regían el automovilismo establecían que el auto de los pilotos debía ser del color que correspondía a su país. Los ingleses lucían el verde, los franceses el rojo, los alemanes el blanco, etc. ¿Y los chilenos? Como es de suponer, no tenían un color oficial. Pero Juan Zanelli decide exhibir su nacionalidad a toda costa, y ya que no tiene un color que lo identifique, pinta una bandera triangular a cada costado del auto. Este gesto llamó la atención y tiempo después se transformó en una costumbre vigente hasta hoy.
El año 1932 Zanelli pasa gran parte del tiempo en Chile, por lo que fue un período de receso automovilístico. Pero sus éxitos vuelven a observarse el 33, año en que consigue el mayor logro de su carrera: el gran Premio de Penya Rhin, el 25 de junio en Barcelona, que prácticamente lo convirtió en el campeón mundial del automovilismo.
El último Grand Prix que se había corrido en Cataluña había sido hacía diez años, por lo que las autoridades de Barcelona se esmeraron para que este encuentro fuera grandioso. La convocatoria, finalmente, reunió a los mejores exponentes automovilísticos de España, Italia, Francia y el resto de Europa. En ese tiempo, los mejores del mundo. Compartiendo con todos ellos, estaba el chileno Juan Zanelli.
La carrera constaba de 40 vueltas a un complicado circuito de 4 km. En total, los autos debían cumplir 151,66 km de una dificultad tal, que los expertos equiparaban su esfuerzo al de un torneo con el doble de recorrido. Tan cierto fue el pronóstico que algunos de los competidores terminaron la prueba al borde del desmayo. Zanelli, sin embargo, salió victorioso, marcando una hora, 34 minutos y 43 segundos. "Un hecho realmente histórico para nuestro deporte, ya que no sólo sería la primera vez que un latinoamericano ganaba un Grand Prix oficial válido por el campeonato del mundo, sino que nunca más un chileno ganaría un premio de la máxima categoría del automovilismo mundial", comenta Rodrigo Velasco en su libro.
El mérito le valió un titular de primera plana en el diario "El Mercurio". Sin embargo, la necesidad de mencionar la nacionalidad del piloto habla de que su fama no había llegado hasta su país natal: "La copa automovilística de Barcelona fue ganada por Juan Zanelli, chileno". Y nunca más hubo seguimiento a la carrera del deportista. Esta fue la primera y última mención que la prensa de Chile hizo a Zanelli mientras estuvo vivo.
El fin de una hazaña
Rodrigo Velasco, durante su investigación, viajó a los dos principales escenarios de la vida de Juan Zanelli en Europa: Niza y Barcelona. Ahí contactó a figuras del automovilismo, se sumergió en librerías especializadas en este deporte, buscó la casa en que el piloto vivió -hoy convertida en un edificio- y arrendó un auto para recorrer las calles que antes fueron la pista del Grand Prix de Barcelona. Como es de suponer, todas estas labores investigativas del abogado dejaron huellas, y el rumor de este chileno en busca de rastros de Juan Zanelli llegó a la nieta del piloto. Una descendiente que Velasco no se imaginaba que existía: por su estilo de vida entregado a la vida social y los riesgos, se imaginó que el corredor no tenía familia. A través de un mail, Laure Zanelli se contactó con el investigador para apoyar la construcción de su biografía, y gracias a ella supo que el deportista se había casado con la bailarina Raymonde Picard, que había tenido dos hijos, y pudo confirmar las circunstancias de su muerte.
Para Adolf Hitler los triunfos de los coches alemanes en el automovilismo eran símbolo de la superioridad de la raza e industria de su nación. Por esto, creó un organismo estatal dedicado exclusivamente a potenciar esta área. Con este gran apoyo, marcas germanas como Mercedes Benz y Auto Union toman cada vez más fuerza en los torneos y, paralelamente, ganan adversarios entre los pilotos de otras nacionalidades que están en contra de la politización del deporte.
Este rechazo, y la invitación de un buen amigo, son las razones con las que Velasco explica que Juan Zanelli se haya integrado a la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial. Como ex diplomático latinoamericano, tenía una movilidad entre las fronteras de la que muchos europeos carecían. Pero a pesar de esto, la inteligencia germana identifica la mayoría de los nombres de los pilotos comprometidos, y en una confusa balacera entre alemanes y opositores, Zanelli fue herido de muerte. Ninguna nota en Chile apareció al respecto, ningún homenaje público se hizo en su tierra. Por eso, hoy, "¡Coche a la vista!" es el más fiel testimonio que tenemos de la vida de un chileno que hizo historia. Aunque se escriba casi un siglo después.
Su buen humor, sociabilidad y talento deportivo le abrieron un lugar en una aristocracia europea que aceptaba a muy pocos.
"Mi investigación se Entrevista a Rodrigo Velasco
Mientras Rodrigo Velasco investigaba la vida del desconocido Juan Zanelli, comenzó a recopilar datos de un fragmento de la historia del automovilismo chileno que estaba abandonado. Así, el libro "¡Coche a la vista!" resultó no sólo ser una completa biografía del piloto, sino además un registro del desarrollo de las tuercas chilenas en la primera mitad del siglo XX.
-¿Te parece que con tu libro comienza una nueva etapa en el automovilismo, ahora documentada?
Sí, pienso que mi investigación se ha traducido en un primer hito, en el sentido de que ahora hay una historia escrita. Antes había sólo cuentos, habladurías y recuerdos de muchos viejos, que en su mayoría están muertos. La historia oral tiene el gran defecto de que depende de quien la cuenta, dejar las cosas por escrito en una investigación seria por lo menos da un punto de partida a partir del cual espero que otros se interesen en escribir sobre el tema.
-Si tuvieras que rescatar un episodio de la vida de Zanelli, ¿cuál sería?
Es difícil elegir sólo uno, porque es un tipo muy especial que representa todo un estilo de vida de cosas que pasaron en Chile y el mundo. Es parte de una oleada de inmigrantes italianos que vinieron, se casaron con chilenas, tuvieron familia y sus descendientes heredaron la fortuna del salitre. En este caso, Juan y su hermano Alfredo decidieron: vamos a ser diplomáticos, nos vamos a Europa. Y allá se dedicaron a hacer proselitismo a favor de Chile. Por ejemplo, hicieron una revista llamada "Le Chili" destacando las bondades del país, de su economía, para que la gente viniera a invertir. Luego tuvo una participación destacadísima como piloto, se mezcló con la gente importante de esos países y terminó en la resistencia francesa, y eso denota un carácter especial, porque un chileno no tendría por qué haberse involucrado. En fin, es como para hacer una película. _________________ Atte.
Carlos Gutiérrez |
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lalo1963 Moderador


Registrado: 14 Ago 2007 Mensajes: 484 Ubicación: Santiago, RM, Chile
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Publicado: Mar Ene 22, 2008 6:24 pm Título del mensaje: |
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Carlos, que buena la nota de Juan Zanelli, se me había olvidado que tenía una nota aparecida en El Mercurio en el 2005 sobre este tremendo personaje nacional, dos veces ganador de Le Mans y una en Barcelona.
Complemento lo que posteaste con la nota en cuestión.
Deportes Reportaje:
El desconocido Zanelli
Rodrigo Fluxá
22/05/05
La singular historia del piloto chileno que ganó tres Grand Prix, fue cónsul en Francia y murió fusilado por los nazis.
Dueño de un palmarés glorioso, el nombre de Juan Zanelli es un ilustre desconocido para los chilenos.
Sin embargo, el piloto porteño reúne méritos de sobra para ser considerado como una leyenda del deporte nacional.
En la década del '30 logró el Campeonato Mundial de trepadas, precursor del actual Mundial de Rally. Además, se impuso en tres carreras del Grand Prix, la máxima categoría del planeta en ese entonces, y que después derivó en la F-1.
Su vida también ofrece episodios increíbles. Fue cónsul de Chile en Francia y murió ejecutado por los nazis en plena Segunda Guerra Mundial por intentar sabotear una fábrica de autos.
Pese a sus destacadísimos logros, su nombre cayó en el más profundo e injusto de los olvidos. Hasta hoy.
Debe ser el piloto nacional más exitoso de todos los tiempos: corrió en Europa en los años treinta, ganó tres grandes premios y fue campeón de la categoría que dio origen al Mundial de Rally. Murió ejecutado por los nazis y fue ignorado hasta hoy, en que es reubicado en el olimpo del deporte chileno.
Son los dos orgullos de la familia. Y no cualquier familia. Los Zanelli eran una institución en Valparaíso. Se habían comprado el Palacio de Bellas Artes de la cuidad, ahora conocido como Baburizza. Se movían en los más altos niveles y se codeaban con la gente influyente de la época.
Los Zanelli venían del norte del país, en donde el salitre los había convertido en millonarios. Renato nació en 1892. Como muchos niños de su clase, se lo llevaron a Europa a los dos años. Volvió al país con 19 y una década después se convertía en un tenor mundialmente reconocido y una carta frecuente en el mismísimo Metropolitan de Nueva York.
Su primo Juan, nacido en 1898, tenía otros intereses, pero sus planes fueron igual de ambiciosos. Juan también completó su educación en Europa y apenas tuvo edad para asumir responsabilidades, sus contactos le arreglaron el puesto de vicecónsul de Chile en Francia.
Instalarse en Niza fue un sueño para Juan. En plenos años veinte, el balneario mediterráneo hervía de estrellas de cine y millonarios. El número 68 del Boulevard de Cimiez, la dirección de su pomposa vivienda, solía recibir visitas de la más diversa índole.
Un día cualquiera, alguien le habló a Juan de las carreras de autos. No lo pensó mucho y en 1926 se compró un Fiat. Compitió dos años a nivel regional, lo que le bastó para quedar embobado. Su cabeza comenzó a diseñar en grande.
Entremedio debía cumplir con sus labores diplomáticas, lo que hacía con dedicación, según consta en las cartas oficiales que hasta hoy juntan polvo en la oficina de la Cancillería en Chile.
Su idea fue entrar al primer mundo del automovilismo. Y para entender de qué se trataba, conviene contextualizar.
La Fórmula Uno, como se conoce hoy, se creó recién en 1950. Antes existía una serie de carreras, los Grand Prix, que conformaban el campeonato europeo.
Corrían los mejores en varios de los circuitos que se utilizaron después (Monza, Monaco, Le Mans y Hockenheim, por ejemplo) y con equipos oficiales, aunque eran minoría en el parque. El grueso lo conformaban acaudalados excéntricos en busca de adrenalina para sus fines de semana. Entre ellos, dos amigos de Zanelli: Amedee Ozanphant, un pintor cubista, y Hélène Delangle (alias Helle Nice), una extrovertida stripper de un casino de París.
En 1929, Zanelli le compra un Bugatti al barón Pierre de Rothchild, un impenitente playboy parisino que hizo fortuna con los vinos.
Con un auto competitivo (y privado) Zanelli se midió con los grandes. De hecho, varias veces compartió pista con Enzo Ferrari. Y fue en 1929 cuando obtuvo su primer gran hito: ganó el GP Le Mans, convirtiéndose en el primer sudamericano en vencer en Europa.
Al año siguiente pudo dar un golpe maestro: iba cuarto (y subiendo) en el Gran Premio de Mónaco, cuando en la vuelta 92 -se corrían 100- un desperfecto mecánico lo sacó de carrera.
1930 fue, de todas maneras, inolvidable. Ganó de nuevo Le Mans, fue tercero en el GP de Francia y segundo en Alessandria.
Trepando
Su nombre, a esa altura, era reconocido. Y no sólo por ser un tipo extrovertido, sino que también por sus cualidades al volante. Lo llamaron desde España para contratarlo como piloto oficial de Nacional Pescara, una marca nueva que planeaba ingresar al recién estrenado Campeonato Europeo de Montaña. ¿En qué consistía? Los vehículos subían una empinada cuesta corriendo contra el reloj. El certamen ganó fama por ser el germen del Mundial de Rally que existe hoy.
No era fácil la tarea para Zanelli, pues su equipo se estaba formando y debía enfrentar a gigantes como Bugatti y Mercedes. Pero el chileno encajó perfecto en la modalidad. En 1930 participó en tres pruebas, ganando una y salvando ileso de un espectacular vuelco en otra.
La temporada siguiente fue legendaria. Con seis podios -una victoria, tres segundos lugares y dos terceros- se proclamó campeón mundial de la especialidad, superando a leyendas como el alemán Rudolph Caracciola, quien se quedó con la corona al año siguiente.
Pese al éxito en tierra, Zanelli nunca se alejó de la pista. En 1933, con dinero de su bolsillo, le compró el Alfa Romeo Monza tipo 8C 2300 al francés Raymond Sommers. El auto era una joya: pocos meses antes había ganado las 24 horas de Le Mans.
El modelo le dio la gran alegría de su carrera. El 25 de junio de 1933 ganó el Gran Premio de Barcelona en el mítico circuito de Montjuic, acaso si el mayor hito motor del deporte chileno.
Zanelli lo celebró como nunca y fue congratulado por autoridades y compañeros, entre ellos figuras como el francés Marcel Lehoux y el italiano Tazio Nuvolari. Fue su momento más rutilante.
En 1934 siguió siendo competitivo (ver infografía), pero ya al año siguiente sólo cosechó problemas. Su última carrera fue con Adolf Hitler en las tribunas, cuando terminó décimo en Nurburgring 1936, prueba que marcó el debut de los Auto Union con motor trasero.
De ahí en adelante, las certezas respecto de lo que ocurrió con su vida escasean. Se sabe, sí, que al menos hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial continuó con sus labores diplomáticas.
La invasión alemana a Francia complicó mucho las cosas. Las fábricas automotrices pasaron a manos de los nazis, lo que detuvo casi por completo la actividad.
Un grupo de pilotos, liderado por el excéntrico inglés William William -el seudónimo con el que corría William Grover, primer ganador del gran premio de Mónaco-, decidió movilizarse.
Los franceses Robert Benoist, Jean Pierre Wimille y Marcel Lehoux no tardaron en sumarse. Y Zanelli también.
Comenzaron con pequeñas acciones, pero la bola fue creciendo y para 1942 ya eran parte activa de la resistencia. Se hicieron conocidos y la Gestapo comenzó a seguirles los pasos. Así fueron cayendo uno a uno.
En junio de 1943, William fue detenido y trasladado a Alemania. Murió luego de ser torturado en un campo de concentración. Una semana después lo siguió Benoist tras un allanamiento a su casa. Increíblemente, este último logró escapar del vehículo en movimiento mientras era conducido a los cuarteles de la Gestapo. Viajó a Inglaterra, pero regresó (lo lanzaron en paracaídas) a los pocos meses con una nueva misión. Cayó en Nantes en septiembre de 1944. Fue ejecutado.
Wimille salió con vida, pero murió en un accidente automovilístico en Buenos Aires (1949).
¿Zanelli? Simplemente desapareció del mapa, aunque no había que ser adivino para imaginar su destino. Décadas después, un biógrafo de Benoist dio con el dato: fue detenido mientras saboteaba una fábrica y ejecutado a las afueras de Berlín.
La diferencia de Zanelli con sus colegas es que no tiene placas condecorativas ni monumentos con su nombre.
De novela
Rodrigo Velasco, abogado de 50 años, es un fanático tuerca. Su padre lo era y su abuelo también (corrió raids a principio de siglo en el sur de Chile).
Ambos le solían hablar de un piloto chileno que hizo historia en la época dorada de los grandes premios en Europa.
El tema le quedó dando vueltas. Lo revivió cuando en un libro histórico de Bugatti salió una foto de un monoposto, en una zanja, con una bandera chilena. "Zanelli fue el primero en hacer eso, un pionero. Antes se corría con los colores del país, pero estaban todos tomados. Juan optó por lo sano y le puso la banderita chilena. Es cierto que era un tipo con mucho dinero, pero también un talentoso".
El interés se transformó casi en obsesión y Velasco -ex piloto de rally en los ochenta- recopiló, durante tres años de investigación, todo el material posible sobre Zanelli. "Yo soy amigo de Eliseo Salazar, pero creo que no hay punto de comparación. Aunque en distintas épocas, lo que hizo Zanelli es infinitamente superior. Fue piloto de punta y compitió contra los mejores de su época. Los resultados hablan solos. Me interesa su historia, porque debe ser uno de los tres deportistas chilenos más grandes de la historia y nadie lo conoce", dice Velasco, quien tiene escrito el libro sobre el tema. Se llamará "Coche a la vista" y será editado a final de año. "Casi la mitad es sobre Zanelli, por lo que significó, pero también aborda los orígenes del automovilismo en Chile", explica.
Y ahora, ¿quién fue el mejor?
Todo el mundo creció con un dogma indiscutible: Eliseo Salazar es, por lejos, el mejor piloto de la historia de Chile, pues siempre se presentó como el único referente válido en el ámbito internacional. Y era lógico, pues Salazar logró lo que ahora parece imposible: que un chileno llegue a correr en la Fórmula Uno.
Las comparaciones son odiosas, pero la aparición de Zanelli obliga a realizar el ejercicio. Vamos con los datos duros: en la lista oficial de ganadores de grandes premios, ambos aparecen con tres victorias. Zanelli ganó dos veces Le Mans y Barcelona. Salazar tiene dos victorias en Thruxton y una en Silverstone, las tres fuera del circuito de Fórmula Uno.
Primera aclaración: los triunfos de Zanelli fueron frente a los mejores de su época y sin poder optar a una categoría superior, pues no existía.
El piloto olvidado estuvo más temporadas en lo más alto de la disciplina y los autos que corrió (que compró él mismo) eran de punta. Tiene una decena de actuaciones entre los cinco primeros. Y en carreras clásicas, como Barcelona y Monza. Salazar no tuvo nunca la suerte de pasar a un equipo competitivo, al menos en la F-1 (en Estados Unidos sí fue piloto de punta).
Ahora, la diferencia de las épocas es un tema a considerar. Salazar llegó a la F-1 en 1981, cuando la actividad ya era un negocio multimillonario y de un profesionalismo absoluto. En los años treinta la mayoría de los pilotos eran acaudalados, que tomaban el automovilismo como un momento de distensión. Un mundo más amateur, lleno de excentricidades.
Realidades distintas, pero el debate queda abierto. _________________ Atte.
Eduardo Ravanal Morán |
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Jose Administrador


Registrado: 11 Ago 2007 Mensajes: 1811 Ubicación: Santiago, Chile
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Publicado: Mie Ene 23, 2008 11:29 am Título del mensaje: |
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Excelente historia... Aunque los colores no me quedan del todo claros, no era azul=Francia, rojo=Italia, plateado=Alemania?
Sin embargo, el tema de las comparaciones me recuerda al debate futbolero: Pelé o Maradona? Quienes han visto al primero no tienen duda alguna. _________________ José Miguel Vargas |
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juan carlos Miembro

Registrado: 08 May 2008 Mensajes: 159 Ubicación: Concepción, Chile
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Publicado: Vie Jun 06, 2008 1:00 pm Título del mensaje: Bueno el reportaje |
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Me gustaría saber si el libro ya salió a la venta, como se dijo trata también del automovilismo chileno, recuerdo cuando niño ibamos con mi hermano y mi padre a ver los autos de carrera (autos sin tapabarros , con esacape libre y potenciados a la chilena), recuerdo a competidores como Raúl Papín Jara, Bartolomé Ortíz y Enzo Baroli, pero más no se de esos tiempos en que se corría entre Santiago y La Serena, y el camino era parcialmente ripiado.
Saludos. |
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memo24 Moderador y anunciador de cumpleaños


Registrado: 26 Dic 2007 Mensajes: 450 Ubicación: La Florida
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Publicado: Vie Jun 06, 2008 2:12 pm Título del mensaje: |
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muy buena la nota
me gusto muchisimo
uno que es joven con suerte vi correr a eliseo
en la indy y eso es mucho ya que solo y gracias a
internet he aprendido sobre las demas categorias que corrio eliseo
bueno ahora se que antes que el habia otro corredor bueno
gracias por la info carlos _________________ Atte.
Guillermo E. Reyes T.
http://www.fotolog.com/colecciones_cc
http://s255.photobucket.com/albums/hh157/memo_cc/ |
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